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Higiene personal: las manos son el vehículo, no el problema

Módulo 1 de 10 Tiempo estimado: 36 minutos 4329 palabras · 10 preguntas de autoevaluación

El Reglamento (CE) 852/2004 dedica un capítulo entero del Anexo II a la higiene del personal, y sus dos apartados caben en un párrafo: mantener un elevado grado de limpieza, llevar ropa adecuada y limpia, y no manipular alimentos si padeces o eres portador de algo que pueda transmitirse por ellos. Este módulo explica cómo se traduce eso en gestos concretos, y por qué el lavado de manos es la medida más rentable de toda la seguridad alimentaria.

Al terminar este módulo sabrás:

  • Citar qué obliga el Anexo II, Capítulo VIII, del Reglamento (CE) 852/2004 a quien manipula alimentos
  • Identificar los momentos en que el lavado de manos es obligatorio, no opcional
  • Saber qué hacer con una herida, una infección cutánea o una diarrea antes de entrar en cocina
  • Reconocer los hábitos que contaminan sin que nadie se dé cuenta
  • Decidir con criterio cuándo un guante ayuda y cuándo empeora el trabajo
  • Anticipar qué comprueba una inspección sobre la higiene del personal

Casi ninguna intoxicación alimentaria empieza en un alimento contaminado de origen. Empieza en un alimento sano que se contamina por el camino, y el camino más corto suele ser una mano. No porque las manos sean sucias por naturaleza, sino porque son lo que toca todo: el pomo, el móvil, el pollo crudo, el delantal, la ensalada.

Este módulo es el primero del temario porque es el que más veces al día se aplica.

¿Qué obliga exactamente la norma?

Menos de lo que la gente cree, y con más criterio. El Reglamento (CE) 852/2004 dedica a esto el Capítulo VIII de su Anexo II, titulado «Higiene del personal», y son dos apartados.

El apartado 1 dice que «todas las personas que trabajen en una zona de manipulación de productos alimenticios deberán mantener un elevado grado de limpieza y deberán llevar una vestimenta adecuada, limpia y, en su caso, protectora».

El apartado 2 es más específico y es el que se suele desconocer: las personas «que padezcan o sean portadoras de una enfermedad que pueda transmitirse a través de los productos alimenticios, o estén aquejadas, por ejemplo, de heridas infectadas, infecciones cutáneas, llagas o diarrea, no deberán estar autorizadas a manipular los productos alimenticios ni a entrar bajo ningún concepto en zonas de manipulación» cuando exista riesgo de contaminación directa o indirecta. Y añade una obligación que recae sobre el propio trabajador: quien se encuentre en esa situación «deberá poner inmediatamente en conocimiento del operador de empresa alimentaria la enfermedad que padece o los síntomas que presenta y si es posible, también sus causas».

Conviene fijarse en tres palabras de ese apartado.

  • «Portadoras». No hace falta estar enfermo. Se puede eliminar salmonela sin tener ningún síntoma, y eso también impide manipular.
  • «Ni a entrar». La prohibición no es sólo tocar alimentos: es acceder a la zona cuando haya riesgo.
  • «Inmediatamente». Comunicarlo no es una cortesía ni depende de que alguien pregunte. Es lo único que permite a la empresa reorganizar el puesto.

Y conviene fijarse también en lo que no dice: no fija cuántos segundos hay que lavarse las manos, ni a qué temperatura debe salir el agua, ni de qué color va la ropa. Esas cifras existen en muchos manuales, pero son criterio de quien los escribió, no obligaciones legales.

Dato citable: El Anexo II, Capítulo VIII, apartado 2, del Reglamento (CE) 852/2004 prohíbe manipular alimentos —y entrar en zonas de manipulación cuando haya riesgo de contaminación— a quien padezca o sea portador de una enfermedad transmisible por los alimentos, o esté aquejado de heridas infectadas, infecciones cutáneas, llagas o diarrea. La misma norma obliga a esa persona a comunicarlo inmediatamente al operador de la empresa alimentaria.

¿Cuándo hay que lavarse las manos?

Esta es la pregunta útil. El «cómo» se aprende en dos minutos; el «cuándo» es lo que separa a un profesional de alguien que se lava las manos cuando se acuerda.

La regla que resume todos los casos: siempre que se pase de algo sucio a algo limpio. En concreto:

  • Al incorporarse al puesto y al volver de cualquier descanso.
  • Después de ir al servicio, sin excepciones.
  • Al pasar de alimentos crudos a alimentos listos para consumo. Este es el momento crítico por excelencia: es donde se produce la mayor parte de la contaminación cruzada.
  • Después de tocar basura, envases sucios, cajas de cartón o el suelo.
  • Después de sonarse, toser, estornudar, comer, fumar o tocarse la cara o el pelo.
  • Después de manipular productos de limpieza o cualquier sustancia química.
  • Cada vez que se cambia de tarea, aunque no parezca que las manos estén sucias.

Sobre el cómo, lo que de verdad importa es el frotado y el secado. El jabón no mata microorganismos: los despega junto con la grasa y la suciedad para que el agua se los lleve. Por eso hay que insistir donde nadie insiste —entre los dedos, en las yemas, alrededor y debajo de las uñas, en los pulgares y en las muñecas— y por eso hay que secarse bien: unas manos húmedas transfieren microorganismos con mucha más facilidad que unas secas. Para el secado, papel de un solo uso o aire; una toalla de tela compartida es un multiplicador, no una solución.

¿Cómo se lava una mano de verdad?

Antes del procedimiento conviene entender qué se está intentando quitar, porque eso explica por qué el gesto es como es. En una mano conviven dos poblaciones de microorganismos y solo una de ellas es el objetivo.

La flora residente vive de forma estable en las capas más superficiales de la piel y en los folículos. Está siempre, no se elimina lavándose y en su mayoría no es peligrosa: de hecho, ocupa el sitio. La flora transitoria es la que se acaba de posar: la que dejó el pollo crudo, el cartón de la caja, el pomo del baño o el billete. Se adhiere mal, vive poco y es la que provoca prácticamente toda la contaminación cruzada de origen manual. El lavado de manos existe para arrastrar la transitoria, y por eso funciona tan bien: no hay que matar nada, hay que quitarlo de encima.

De ahí sale el detalle que casi todos los carteles omiten: lo que arrastra es el frotado, no el agua ni la temperatura. El jabón es un tensioactivo —una molécula con un extremo que se lleva bien con la grasa y otro con el agua— y su trabajo consiste en despegar la película grasa donde la suciedad y los microorganismos están pegados. Una vez despegada, el agua se la lleva. Sin frotado, el jabón se limita a flotar.

La secuencia, con lo que hace cada paso:

  1. Mojar las manos con agua corriente. Antes del jabón, no después: el jabón necesita agua para emulsionar.
  2. Aplicar jabón y frotar palma con palma. Es el gesto fácil y el único que casi todo el mundo hace bien.
  3. Frotar el dorso de cada mano con la palma de la otra, entrelazando los dedos. El dorso se olvida porque no se ve al mirarse las manos.
  4. Entrelazar los dedos y frotar los espacios interdigitales. Son pliegues húmedos: el hábitat perfecto.
  5. Frotar el pulgar de cada mano rodeándolo con la otra. El pulgar es el punto que más se salta: no participa del gesto de «lavarse las manos» tal y como lo hace la gente por defecto.
  6. Frotar las yemas y las uñas en círculo contra la palma contraria. Bajo el borde libre de la uña se acumula lo que ningún enjuague alcanza.
  7. Subir a las muñecas, que es por donde entra el puño de la chaquetilla.
  8. Aclarar con abundante agua corriente y secar completamente con papel de un solo uso o aire.

El secado no es el final decorativo: es parte del lavado. Una mano húmeda transfiere microorganismos a una superficie con mucha más facilidad que una mano seca, porque el agua sirve de vehículo. Una toalla de tela compartida deshace todo lo anterior, y por eso el reglamento habla de «material para la limpieza y el secado higiénico».

Hay una variante que conviene conocer aunque no la exija ninguna norma: el doble lavado. Cuando se viene de una manipulación muy sucia —desplumar, eviscerar, vaciar una cámara, manejar residuos— se hace un primer lavado que retira la carga gruesa y un segundo que ya trabaja sobre piel razonablemente limpia. Es el mismo principio que el prelavado de una superficie: el detergente rinde cuando no tiene que pelear con la suciedad visible.

¿Y el gel hidroalcohólico? Es un complemento, nunca un sustituto. Actúa sobre lo que hay, pero no arrastra: sobre unas manos con grasa o restos orgánicos pierde eficacia, y hay agentes frecuentes en cocina —norovirus, las esporas de algunos géneros bacterianos— frente a los que rinde poco. En una cocina con lavamanos accesible, el gel se usa cuando ya se ha lavado, no en su lugar.

Dato citable: El lavado de manos en la manipulación de alimentos actúa por arrastre mecánico, no por desinfección: elimina la flora transitoria —la que se acaba de depositar y causa la contaminación cruzada— mientras que la flora residente permanece. El Reglamento (CE) 852/2004 no fija ni duración del lavado ni temperatura del agua; su Anexo II, Capítulo I, apartado 4, exige lavabos con agua corriente caliente y fría y material para la limpieza y el secado higiénico de las manos.

Los lavamanos tienen su propio requisito. El Anexo II, Capítulo I, apartados 3 y 4, del reglamento exige un número suficiente de inodoros de cisterna conectados a un sistema de evacuación eficaz y un número suficiente de lavabos destinados a la limpieza de las manos, con agua corriente caliente y fría y material para la limpieza y el secado higiénico. «Suficiente» quiere decir que estén donde se necesitan: un lavamanos al que hay que cruzar la cocina se usa la mitad de las veces.

¿Hace falta un reconocimiento médico para manipular alimentos?

Con carácter general, no. No existe hoy en España ninguna norma estatal que imponga un reconocimiento médico periódico ni un carné sanitario para manipular alimentos: aquel esquema desapareció cuando el Real Decreto 109/2010 derogó el Real Decreto 202/2000. Lo que sí existe es la obligación del Capítulo VIII de comunicar de inmediato al responsable cualquier enfermedad o síntoma que pueda transmitirse por los alimentos.

Eso no significa que la salud del personal quede fuera del sistema. Por dos vías:

  • La vigilancia de la salud laboral. La normativa de prevención de riesgos laborales obliga al empresario a vigilar la salud de sus trabajadores en función de los riesgos del puesto, y en algunas actividades esa vigilancia incluye aspectos relevantes para la manipulación.
  • El propio sistema de autocontrol. Muchas empresas incorporan a su plan de formación y de higiene del personal un procedimiento de declaración de enfermedades, precisamente para poder demostrar que aplican el Capítulo VIII.

La consecuencia práctica es que lo que se te va a pedir no es un papel del médico, sino que avises. Y avisar no es delatarse: es lo que permite a la empresa cambiarte de tarea durante unos días en vez de arriesgar un brote.

¿Por qué se insiste tanto en las manos?

Porque son el vehículo. Un microorganismo peligroso rara vez llega solo al plato: llega transportado, y los transportes disponibles en una cocina son pocos —manos, superficies, utensilios, trapos y aire—. De todos ellos, las manos son el único que se mueve por voluntad propia entre zonas sucias y limpias docenas de veces al día.

Hay una idea que ayuda a entenderlo mejor que cualquier lista: el manipulador no suele ser el origen del peligro, es el puente. El pollo crudo ya venía con su carga; el problema aparece cuando esa carga cruza al bol de la ensalada. Y los puentes se cortan en dos sitios: en la mano y en el utensilio.

De ahí salen las dos reglas que resumen el módulo entero, y que se repiten en todo el temario con otras palabras: separar lo crudo de lo listo para consumo, y lavarse al cambiar de una cosa a la otra. Todo lo demás —las uñas, las joyas, el pelo, el delantal— son detalles que reducen la carga que ese puente puede llevar encima.

¿Es obligatorio usar guantes para manipular alimentos?

No. Y conviene decirlo con el dato delante, porque es de las preguntas que más se hacen y de las que peor se responden.

El Reglamento (CE) 852/2004, en su versión publicada en el Diario Oficial de la Unión Europea L 139 de 30 de abril de 2004, no menciona los guantes ni una sola vez en todo su articulado y sus anexos. Tampoco menciona las joyas, ni los anillos, ni las uñas, ni el gorro. Lo que exige, literalmente, es «mantener un elevado grado de limpieza» y llevar «una vestimenta adecuada, limpia y, en su caso, protectora». Punto.

Eso no significa que dé igual. Significa que la obligación es de resultado y quien concreta los medios es el establecimiento, dentro de su sistema de autocontrol. Si el plan de higiene del negocio dice «guantes para el emplatado de fríos», los guantes son obligatorios allí —no por el reglamento europeo, sino por el procedimiento propio, que es exigible igual—. Distinguir las dos cosas no es un juego de palabras: es lo que permite discutir con criterio si un guante mejora o empeora el trabajo en un puesto concreto.

Y a veces lo empeora. Un guante mal usado es peor que una mano lavada, por tres razones:

  • Falsa sensación de barrera. Quien lleva guantes deja de lavarse las manos porque «no toca nada». El guante que ha tocado pollo crudo y luego una ensalada hace exactamente el mismo daño que la mano desnuda.
  • Sudor y humedad. Dentro de un guante la piel se macera. Al quitárselo, esa humedad favorece el traspaso de microorganismos a lo siguiente que se toque.
  • Es un cuerpo extraño en potencia. Un trozo de guante de nitrilo desprendido dentro de un producto es un peligro físico, y por eso los que se usan en industria suelen ser de color azul: en la naturaleza casi no hay comida azul, así que se detecta a simple vista.

Las reglas de uso, cuando sí se usan, son tres y no tienen excepción:

  1. Manos lavadas antes de ponerlos. Un guante sobre una mano sucia encierra la suciedad y la lleva al alimento igual.
  2. Cambio en los mismos momentos en que habría que lavarse las manos, y también al cambiar de tarea aunque no haya pasado nada visible.
  3. Cambio inmediato si se rompen, se ensucian o han estado en contacto con producto crudo.

Hay un caso en el que el guante deja de ser opcional en la práctica: cuando hay una herida en la mano. Ahí sí cumple su función real —aislar el apósito del alimento— y por eso el módulo lo repite en el apartado de heridas.

Un apunte que sorprende a mucha gente: los guantes de un solo uso destinados a contacto con alimentos son, jurídicamente, un material en contacto con alimentos, y les aplica el Reglamento (CE) 1935/2004. Su artículo 3 exige que no transfieran componentes al alimento en cantidades que puedan suponer un peligro para la salud, modificar de forma inaceptable su composición o alterar sus caracteres organolépticos. Traducido: los guantes de limpieza del armario de la fregona no valen para emplatar, aunque estén nuevos.

Dato citable: El Reglamento (CE) 852/2004 no obliga a usar guantes para manipular alimentos: la palabra «guante» no aparece en ningún punto de su texto. Su Anexo II, Capítulo VIII, apartado 1, exige mantener «un elevado grado de limpieza» y llevar «una vestimenta adecuada, limpia y, en su caso, protectora». El uso de guantes lo decide el sistema de autocontrol de cada establecimiento, y cuando se usan quedan sujetos al Reglamento (CE) 1935/2004 sobre materiales en contacto con alimentos.

Heridas, uñas, joyas y hábitos

Heridas. Se lavan, se cubren completamente con un apósito impermeable y, si están en la mano, se protegen además con un guante. El apósito de color llamativo no es una moda: es para detectarlo si se desprende dentro del producto. Una herida infectada, como dice el reglamento, ya no es cuestión de tapar: impide manipular.

Uñas. Cortas, limpias y sin esmalte ni postizas. Bajo una uña larga cabe más suciedad de la que se puede arrastrar lavándose, y un trozo de esmalte que se desprende es un cuerpo extraño.

Joyas. Anillos, pulseras, relojes y pendientes colgantes retienen humedad y restos, no se lavan con la mano y pueden caer al producto. La norma no los enumera, pero exigir «un elevado grado de limpieza» los deja fuera en la práctica, y por eso casi todos los sistemas de autocontrol los prohíben. La alianza lisa suele ser la única excepción tolerada, y aun así es peor que no llevarla.

Pelo. Recogido y cubierto. Un cabello en un plato es el cuerpo extraño más frecuente en las reclamaciones de cliente.

Hábitos. Los que más contaminan son los que no se ven: probar con el dedo o con la misma cuchara y devolverla a la olla, secarse las manos en el delantal, apoyar el móvil en la mesa de trabajo, colocarse la mascarilla o el gorro con las manos ya limpias, hablar sobre el alimento descubierto. Ninguno parece grave; todos mueven microorganismos de un sitio a otro. La forma de corregirlos no es la fuerza de voluntad, sino tener a mano lo que hace falta: cucharas de cata desechables, papel de un solo uso y un sitio para el móvil que no sea la encimera.

La ropa de trabajo cierra el capítulo: de uso exclusivo, limpia al empezar el turno y no la que se lleva por la calle. Y el delantal no es una toalla.

Dato citable: El Reglamento (CE) 852/2004 exige en su Anexo II, Capítulo I, apartados 3 y 4, un número suficiente de inodoros de cisterna conectados a un sistema de evacuación eficaz y de lavabos destinados a la limpieza de las manos, con agua corriente caliente y fría y con material para la limpieza y el secado higiénico. La norma no establece ninguna temperatura concreta del agua ni una duración mínima del lavado: esas cifras proceden de manuales, no del reglamento.

La higiene personal no es igual en todos los sitios

El Capítulo VIII es el mismo para todos, pero el punto por donde se rompe cambia según dónde se trabaje. Conviene saber cuál es el propio, porque es donde hay que poner el esfuerzo.

Barra de bar y cafetería. El riesgo no está en la cocina: está en el cambio constante de tarea. La misma persona cobra, recoge vasos sucios, corta limón y emplata una tapa, y entre esas cuatro cosas nadie va a lavarse las manos cuatro veces si el lavamanos está al fondo. El dinero y el datáfono son superficies sucias como cualquier otra. La solución realista no es la fuerza de voluntad: es repartir tareas cuando hay dos personas, y tener el lavamanos donde se trabaja, no donde cabía.

Panadería y obrador. La harina en suspensión lo cubre todo, incluida la ropa, y la ropa cubierta de harina se sacude —lo que devuelve la harina al aire y al producto—. Aquí la ropa de trabajo y el gorro dejan de ser un formalismo: son control de un peligro real, que además es un alérgeno del punto 1 del Anexo II del Reglamento (UE) 1169/2011.

Carnicería, pescadería y charcutería. Manos permanentemente húmedas y en contacto con producto crudo, cortes frecuentes con cuchillo y una sierra o una cortadora de fiambre de por medio. Es el entorno donde el apósito impermeable y el guante encima dejan de ser teoría, y donde el paso de crudo a listo para consumo ocurre en el mismo mostrador.

Comedor escolar, hospital y residencia. Cambia el consumidor, no la norma: son poblaciones de riesgo —menores, mayores, personas inmunodeprimidas— en las que una dosis que a otro no le haría nada sí enferma. La comunicación de síntomas al responsable, que en cualquier sitio es importante, aquí es crítica.

Reparto y comida a domicilio. El repartidor manipula el envase, no el alimento, y por eso se le suele dejar fuera de la formación. Es un error: toca móvil, dinero, portales, ascensores y bolsas, y el envase que entrega acaba en la mesa de alguien. Manos limpias, bolsa isotermo limpia y nada de apoyar el pedido en el suelo.

Puestos de feria, food trucks y venta ambulante. Aquí la norma sí es distinta, y casi nadie lo sabe. El Anexo II, Capítulo III, del Reglamento (CE) 852/2004 se ocupa expresamente de «los locales ambulantes o provisionales (como carpas, tenderetes y vehículos de venta ambulante)» y de los locales usados principalmente como vivienda privada donde se preparan alimentos para el mercado. Lo que exige, «cuando sea necesario», incluye instalaciones adecuadas para mantener una correcta higiene personal —con instalaciones para la limpieza y el secado higiénico de las manos—, superficies fáciles de limpiar, material para limpiar el equipo y un suministro suficiente de agua potable caliente, fría o ambas. No es una versión rebajada del reglamento: es la misma exigencia con formato portátil, y por eso un puesto de feria sin forma de lavarse las manos no cumple.

Qué mira un inspector en la higiene del personal

No hay una lista oficial —el control se hace con guías propias de cada autoridad—, pero el guion es reconocible porque sigue el Capítulo VIII y sus consecuencias documentales. Lo que se comprueba, casi siempre en este orden:

Qué se mira Qué se está comprobando de verdad
Estado de la ropa de trabajo y si es de uso exclusivo Que exista ropa de trabajo y que no sea la de la calle con un delantal encima
Manos, uñas, joyas y apósitos Que la exigencia de «elevado grado de limpieza» se traduzca en algo observable
Dónde está el lavamanos y si es accesible sin cruzar la zona sucia Que el Capítulo I, apartados 3 y 4, se cumpla en la práctica y no solo en el plano
Si hay jabón y papel de un solo uso en ese momento Que el consumible se repone; un dispensador vacío es un incumplimiento actual
El registro de formación de cada trabajador El Anexo II, Capítulo XII, apartado 1: la supervisión y formación de los manipuladores según su actividad laboral
El procedimiento de declaración de enfermedades Que la obligación del Capítulo VIII, apartado 2, esté organizada y no dependa de que alguien se acuerde
Dónde se guardan los efectos personales Que el móvil, el bolso y la ropa de calle no vivan en la zona de manipulación
Cómo se manejan los cambios de tarea de crudo a elaborado La contaminación cruzada, que es lo que de verdad se está buscando

De esa lista, la línea que se resuelve o no se resuelve en el momento es la del registro de formación. No existe un carné administrativo que enseñar —el Real Decreto 109/2010 derogó el Real Decreto 202/2000—, así que lo que acredita a cada trabajador es su justificante de formación, y ese sí tiene que existir y estar localizable. Quien responde de que exista es el titular del negocio, y por eso lo exige a su plantilla antes de que empiece el turno. Enseñarlo debería costar diez segundos; buscar un PDF de hace dos años en el correo, con el inspector delante y sin cobertura en el office, es la versión lenta del mismo trámite. Por eso mucha gente lleva encima el carnet físico en tarjeta: se saca de la cartera y no depende de la batería. (Un reconocimiento médico es otra cosa y no entra aquí: ninguna norma estatal lo impone con carácter general para manipular alimentos.)

Los errores que más se repiten, y por qué fallan

Error Por qué falla
Lavarse las manos «cuando están sucias» La contaminación relevante no se ve. El criterio no es el aspecto de la mano, es el cambio de zona o de tarea
Ponerse guantes y no cambiarlos en toda la elaboración El guante acumula exactamente lo mismo que acumularía la mano, y encima quita la señal de que hay que lavarse
Secarse las manos en el delantal El delantal es la superficie más contaminada del uniforme y se acaba de anular el lavado entero
Probar con la misma cuchara y devolverla a la olla Introduce flora de la boca en el producto, y la temperatura del pase no siempre la destruye
Llevar la mascarilla o el gorro bajo la nariz y recolocarlo con la mano limpia Cada recolocación es un contacto cara-mano-alimento; si hay que tocarlo, se vuelve a lavar
Trabajar «con un poco de diarrea» sin decir nada Es exactamente el supuesto que el Capítulo VIII, apartado 2, prohíbe, y el que más brotes de origen personal explica
Dejar el móvil sobre la mesa de trabajo Es una superficie que va y viene del bolsillo, del baño y de la calle, y que nadie desinfecta
Guardar la ropa de calle en la estantería del almacén Traslada al almacén todo lo que traía de fuera, y suele acabar tocando envases de producto
Un dispensador de jabón «que ya rellenaremos» Convierte el lavado en opcional para el resto del turno
Usar la misma bayeta para las manos y para la superficie Reparte de la superficie a la mano y de la mano al alimento, en los dos sentidos

Ninguno de esos diez errores se corrige con más voluntad. Se corrigen con diseño: un lavamanos donde se trabaja, papel de un solo uso siempre repuesto, cucharas de cata desechables al alcance, una estantería para móviles fuera de la zona y un turno donde cambiar de tarea no cueste tres minutos.

Todo esto tiene sentido cuando se sabe de qué se está protegiendo el alimento, y eso es lo que cuenta el módulo siguiente, peligros y contaminación. Y la otra mitad del trabajo —la del local y los equipos, no la de la persona— está en limpieza y desinfección.

Primer módulo leído. El examen son 10 preguntas.

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Lo que hay que llevarse de este módulo

La norma pide un elevado grado de limpieza, ropa adecuada y limpia, y apartar de la manipulación a quien padezca o sea portador de algo transmisible, con obligación de comunicarlo de inmediato. El lavado de manos importa por sus momentos más que por su técnica, y el guante no sustituye a nada. Y lo que no está en la norma —segundos, grados, colores— no se enseña como si lo estuviera.

99labs es una entidad de formación privada y su certificado acredita la formación superada: no es un documento administrativo. El temario está en abierto porque esto es lo que hay que saber; el certificado es lo que lo pone por escrito, con tu nombre y tu DNI, para el día en que alguien te pida demostrarlo.

Cuando lo tengas leído, el examen son 10 preguntas y el certificado llega por email al aprobar. El índice completo está en el curso.

Autoevaluación del módulo 1

10 preguntas para comprobar que el módulo ha quedado claro. No puntúan para nada: son tuyas. La respuesta correcta y su porqué están debajo de cada pregunta.

1. Un manipulador que se ha hecho un corte trabajando debe cubrir la herida…
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Correcta: Completamente, con un vendaje limpio e impermeable

Impermeable es la palabra clave: un apósito que deja pasar líquidos permite que los exudados de la herida lleguen al alimento y que el agua del lavado llegue a la herida. Si además es de color llamativo, se detecta antes en caso de que se desprenda dentro del producto.

2. ¿Qué dice el Capítulo VIII del Anexo II del Reglamento (CE) 852/2004 sobre quien padece una enfermedad transmisible por los alimentos?
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Correcta: Que no debe manipular alimentos ni entrar en zonas de manipulación cuando haya riesgo de contaminación, y debe comunicarlo de inmediato

El apartado 2 alcanza tanto a quien padece la enfermedad como a quien es portador sin síntomas, y menciona expresamente heridas infectadas, infecciones cutáneas, llagas y diarrea. Y añade una obligación activa: poner en conocimiento del operador la enfermedad o los síntomas y, si es posible, sus causas.

3. ¿En cuál de estos momentos NO es imprescindible lavarse las manos?
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Correcta: Al terminar de escribir la comanda con el mismo bolígrafo que ya usaste

Los otros tres son cambios de zona sucia a zona limpia, que es justo cuando el lavado corta la cadena. Escribir no es una actividad limpia —el bolígrafo también se ensucia— pero no es un momento crítico equiparable a volver del baño o a pasar de crudo a cocinado.

4. ¿Para qué sirve realmente el lavado de manos con agua y jabón?
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Correcta: Para arrastrarlas mecánicamente y reducir su número

El jabón no es un desinfectante: es un tensioactivo que despega la suciedad y la grasa para que el agua se las lleve. Por eso el frotado —entre los dedos, en las yemas, alrededor de las uñas y en las muñecas— importa más que la temperatura del agua, y por eso el secado también cuenta: unas manos húmedas transfieren microorganismos con mucha más facilidad que unas secas.

5. Un cocinero prueba la salsa con una cuchara y vuelve a meterla en la olla. ¿Qué ha pasado?
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Correcta: Ha introducido en la olla la flora de su boca, y con ella un riesgo evitable

La saliva lleva microorganismos que no estaban en el producto, y la temperatura de una salsa en el pase no siempre basta para eliminarlos. Probar está bien; hacerlo con una cuchara limpia por cada cata, o separando una porción en un plato aparte, cuesta lo mismo y no añade nada al alimento.

6. ¿Qué exige el Reglamento (CE) 852/2004 respecto a los lavabos de una cocina?
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Correcta: Que haya un número suficiente, con agua corriente caliente y fría y material para la limpieza y el secado higiénico de las manos

El Anexo II, Capítulo I, apartados 3 y 4, habla de un número «suficiente», sin ratios, y de agua corriente caliente y fría. No fija ninguna temperatura en grados: las cifras concretas que circulan por manuales y carteles no salen de la norma.

7. La ropa de trabajo de un manipulador debe ser…
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Correcta: Adecuada, limpia y, en su caso, protectora

Es la fórmula literal del Capítulo VIII, apartado 1. El color no lo fija la norma. Lo que sí importa es que sea de uso exclusivo del puesto: la ropa de calle trae lo que haya en el transporte público y en la calle, y la de trabajo no debería salir del centro sin lavarse.

8. ¿Cuándo hay que cambiarse los guantes de un solo uso?
Ver la respuesta

Correcta: En los mismos momentos en que habría que lavarse las manos, y siempre que se rompan o ensucien

El guante protege al alimento de la mano, no al revés, y sólo mientras esté limpio. Un guante que ha tocado pollo crudo y después una ensalada hace exactamente el mismo daño que la mano desnuda: la diferencia es que quien lo lleva puesto tiende a confiarse.

9. ¿Obliga el Reglamento (CE) 852/2004 a usar guantes para manipular alimentos?
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Correcta: No: la palabra «guante» no aparece en el reglamento; lo que exige es un elevado grado de limpieza y vestimenta adecuada, limpia y, en su caso, protectora

El reglamento no menciona los guantes en ningún punto de su texto, igual que no menciona las joyas ni las uñas. Fija un resultado —Anexo II, Capítulo VIII, apartado 1— y deja los medios al sistema de autocontrol de cada empresa. Ojo con la última opción: que la norma europea no los imponga no significa que nadie decida. Si el plan de higiene del negocio los exige en un puesto, allí son obligatorios, y su incumplimiento es igual de exigible.

10. ¿Qué población de microorganismos elimina realmente el lavado de manos con agua y jabón?
Ver la respuesta

Correcta: La flora transitoria, que es la que se acaba de depositar y provoca la contaminación cruzada

La flora residente vive de forma estable en las capas superficiales de la piel, no se elimina lavándose y en su mayoría no es peligrosa. La transitoria es la que dejó el pollo crudo, la caja de cartón o el pomo del baño: se adhiere mal y se arrastra con el frotado y el jabón. Por eso el lavado funciona sin matar nada, y por eso el frotado —dorso, espacios interdigitales, pulgar, yemas, uñas y muñecas— importa más que la temperatura del agua.

Preguntas frecuentes

¿Puedo trabajar manipulando alimentos si tengo diarrea?

No. El Anexo II, Capítulo VIII, apartado 2, del Reglamento (CE) 852/2004 cita expresamente la diarrea entre los casos que impiden manipular alimentos y entrar en zonas de manipulación cuando exista riesgo de contaminación. Además, hay obligación de comunicárselo de inmediato al responsable de la empresa.

¿Se pueden llevar anillos o pulseras en cocina?

La norma no enumera las joyas una a una: exige mantener «un elevado grado de limpieza» y llevar vestimenta adecuada y limpia. En la práctica, un anillo retiene humedad y restos bajo la banda y no se lava con la mano, y una pulsera puede caer dentro del producto, así que casi todos los sistemas de autocontrol los prohíben.

¿Qué hago si me corto trabajando?

Parar, lavar la herida, cubrirla completamente con un apósito impermeable —mejor si es de color llamativo y detectable— y ponerse un guante encima si la herida está en la mano. Una herida infectada impide manipular alimentos según el Capítulo VIII del reglamento.

¿Es obligatorio llevar guantes para manipular alimentos?

No por la norma europea: el Reglamento (CE) 852/2004 no menciona los guantes en ningún punto de su texto. Exige mantener «un elevado grado de limpieza» y llevar vestimenta adecuada, limpia y, en su caso, protectora, y deja los medios concretos al sistema de autocontrol de cada empresa. Si el plan de higiene del establecimiento los exige en un puesto, allí sí son obligatorios.

¿Hace falta un reconocimiento médico o un carné sanitario?

Con carácter general, no. No existe hoy en España ninguna norma estatal que imponga un reconocimiento médico periódico para manipular alimentos, y el carné administrativo desapareció cuando el Real Decreto 109/2010 derogó el Real Decreto 202/2000. Lo que sí existe es la obligación de comunicar de inmediato al responsable cualquier enfermedad o síntoma transmisible por los alimentos, y la de que la empresa pueda justificar tu formación.

¿Los guantes sustituyen al lavado de manos?

No. Un guante sucio contamina exactamente igual que una mano sucia, y además da una falsa sensación de seguridad. Las manos se lavan antes de ponerse los guantes, y los guantes se cambian en los mismos momentos en que habría que lavarse las manos.

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